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Bottega Il Buco

Foccaceria romana, ultramarinos de latería gourmet y restaurante mediterráneo de cocina muy fresca, en Santa Gertrudis

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Il Buco ofrece una carta fresca, sana y mediterránea Foto: B.I.B.
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Exterior de la Bottega Il Buco Foto: B.I.B.
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Donna Lennard , fundadora de Il Buco, sentada a la mesa con Danny Rubin, encargado del restaurante Foto: B.I.B.
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Guido Trombettoni, chef de Il Buco, con una focaccia de flor de calabaza Foto: Xescu Prats
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La terraza de Il Buco está muy cerca de la plaza de Santa Gertrudis Foto: Xescu Prats
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El ultramarinos de Il Buco Foto: Xescu Prats
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El 'Alimentari' de Il Buco ofrece latas y conservas de España, Portugal e Italia Foto: Xescu Prats
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Interior del restaurante Bottega Il Buco (Santa Gertrudis) Foto: Xescu Prats
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Una cocina mediterránea y fresca inspira la carta cambiante de Il Buco Foto: B.I.B.
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La latería de calidad también tiene cabida en Il Buco Foto: B.I.B.
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Mejilla de serviola, otro bocado de Il Buco con producto de Ibiza Foto: Xescu Prats
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Ensalada de sandía, queso de cabra y menta (Bottega Il Buco) Foto: Xescu Prats

Il Buco nació en Nueva York en 1994 y dispone de dos locales en el famoso barrio de Noho, en Manhattan. Este establecimiento, ubicado en el corazón de Santa Gertrudis, representa el desembarco de su gastronomía en Europa. El local, con un amplio interior para el invierno y una terraza de verano, junta tres conceptos en uno: focacceria romana, para picar en cualquier momento del día por un precio módico; ultramarinos de conservas, latas y otros productos ‘gourmet’ procedentes de Italia, España y Portugal -lo que en Italia se conoce como Alimentari-, y restaurante de cocina mediterránea, con una selección de platos frescos, intensos y saludables, cocinados con creatividad y un punto exótico que sorprende.

El local llama la atención por su decoración rústica, con coloridas mesas en la terraza y muebles decapados y antigüedades en el interior. Como epicentro, un antiguo mueble de correo toscano, donde se ofrecen los productos del ultramarinos. Esta atmósfera tan amigable es creación de sus propietarios, Donna Lennard y Alberto Avalle, y se inspira en la tienda original de antigüedades que ambos abrieron en Nueva York. Acabó congregando a su alrededor a una comunidad de artistas que celebraba comidas en la trastienda, provocando, casi sin querer, que el negocio derivara en local gastronómico. Hoy es uno de los más conocidos de Manhattan.

En Ibiza, la carta y los aderezos son similares a los locales neoyorquinos, aunque con un notable protagonismo de los productos frescos de la isla; especialmente las verduras y los pescados. El personal, que capitanea el neoyorquino Danny Rubin, es atento y amable. Un local sin pretensiones, que ofrece calidad y precios moderados, y que constituye una verdadera sorpresa.

Nuestras recomendaciones

La carta que diseña el chef Guido Trombettoni (Perugia, Italia) cambia cada día en función de los pescados y las verduras frescas de la isla que encuentra en el mercado. Sus focaccias siempre están a punto para picar algo. Imprescindible probar la de salami, con un punto picante, y la de flor de calabaza. También ofrecen tablas de quesos y embutidos ibéricos e italianos, que se acompañan con focaccia. La carta siempre incluye una selección de ensaladas frescas. La de sandia con queso de cabra y menta y la de mozarella, anchoas, pepino y albahaca son deliciosas.

La sección de pescados es la que más varía, pero siempre hay que fijarse en el carpaccio de pulpo y en el pargo con especias orientales. Y en los platos al horno, pollo payés, caponata siciliana, lasaña y una exquisita mejilla de serviola ibicenca que merece la pena disfrutar siempre que aparezca en la carta. También las latas de marisco y pescado que ofrece el ultramarinos y una selección de apetitosos postres caseros. La selección de vinos, con una carta internacional con gran peso de bodegas españolas, es amplia e interesante. Toda una experiencia.